Un taxista -masón según él- me decía que Michelle esta vez sí haría lo que no pudo en su primer gobierno, que antes estuvo amarrada a los partidos pero astrológicamente él ve que ahora sí tomaría la batuta y haría los cambios profundos que ella ve necesarios. Esa es la esperanza de muchos y muchas. También sería la mía, si no fuera porque de elección en elección veo cada vez más claro que la “clase política” efectivamente es una casta de personajes que –gustosos o porque no queda otra- solo juegan el juego que les permiten jugar los dueños del juego.
En ese entramado el margen de maniobra es bastante limitado: tomar mediditas que alivien la carga a la gente lo suficiente para dejarlas algo tranquilas pero sin mover mucho el tablero. Salvo que se haga demasiado notorio el desparpajo de los abusadores y el ruido popular amenace la imagen estable de Chile, para recién ahí reaccionar y correr algo el cerco de la jaula.
La última vez Marco puso voz al descontento, a las ganas por una nueva política al servicio del bien común, un Chile de y para todos y todas, etc A ratos su discurso sigue siendo elocuente, pero el canto de sirena ya no provoca el efecto; primero porque el PRO no fue la casa de la nueva política y segundo porque se termina por aprender que los efectos especiales son simplemente eso, si no se muestra sustancia.
Ahora Parisi ocupa su relevo para los liberales más azules, Michelle para los realistas o creyentes empedernidos y Claude para los inconformistas que tal vez seguimos persiguiendo quimeras.
Lo escuchaba dar su visión de lo que pasa, que me parece muy acertada, dado el escenario mundial y nacional: un capitalismo depredador que por su naturaleza nunca llegará a ser justo, si no por el contrario, requiere el mal de muchos para el bien de pocos. Esta obviedad, un sistema que asumimos como realidad inevitable con la sola alternativa de poderlo maquillar y suavizar un poco en su brutalidad, veo en Claude alguien que propone cambios de fondo. Lo han hecho otros en el pasado, figuras más carismáticas que él (Tomás Hirsch) o con credenciales más probadas en su lucha social (Gladys); hasta le juega en contra un carácter irónico-agresivo que desagrada, pero hay dos elementos que le favorecen a mi juicio:
- El momento : con todos sus baches, se ha ido formando ciudadanía en estos años, despertar de conciencias que no se conforman con promesas y cambios en la medida de lo posible, que entienden que Asamblea Constituyente no es una idea descabellada o innecesaria.
- Aunar: el movimiento social tantas veces atomizado, al fin podría vislumbrar unidad. Bueno esto ya pasa por fe más que por números y muchas pruebas, pero el hecho de asumir que más que una candidatura, lo que encabeza (cabeza visible, no caudillo espero) es una marea de cambio que no se agota en esta elección sino que la trasciende.
Ya nos hemos desengañado con que la derecha haría las cosas mejor que la Concertación, vemos que lo hace casi igual, aun así, la sonrisa de la mamá Michelle sigue seduciendo y seguramente ganará. Ojalá me sorprenda, pero creo que su gobierno adolecerá de los mismos males de la “vieja mayoría”, frente a la escandalosa desigualdad moverá algunos palitroques pero el mal sistémico reacomodará y domesticará como suele hacerlo.
A ver si comunistas como Cuevas o Vallejo ponen contrapeso o se camuflan como Gutiérrez o Teillier, a ver si Giorgio no se pierde en ese congreso, si Boric trae la voz de las regiones… a ver si la ola de cambio se agiganta para que la masa crítica rompa el molde, la burbuja que nos hace creer que mientras podamos consumir más y mejor está todo bien, aunque no vivamos ni dejamos que la tierra viva.

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