Consideraciones me impedían escribir. Situaciones, alargues dolorosos, nubes... Hasta que palabras de una amiga me hacen despertar: simplemente soy de Dios. Dejo de hacerTe el quite un rato, de conceptualizarTe, de desvirtuar todos los discursos a Tu respecto, de alejarTe.
Ya no sabía como dirigirme a Ti, el multijuego de manipulados relatos me tenían resistiendo oirte o hablarte. Veo que no se trata de tener la imagen de Dios correcta o la del humano, o la mía; se trata tan solo de entrar en esa relación gratuita.
Algo fidedigno de Jesús, es que te decía "Abbá" (Papaíto) mostrando esa confianza del niño, desprovista de los ropajes del miedo, del todopoderosismo, los orgullos o sentimientos de indignidad. Así es que permíteme llamarte Abbá, o con cariño "Abbita".
Esa palabra de mi amiga fue Palabra de Dios para mí, me recordó la lectura de Isaías (la cito al final) donde dices como te comunicai Tú: una lluvia que siempre produce un efecto de gracia. Estos días tus gotas despejaron el esmog para ver la hermosa cordillera seminevada; abrieron mi boca para decir verdad, despejando tensas esperas, desconfianzas, preguntas...
Abrieron mis antenitas de vinil para captarte en el ambiente. Una chica bailarina me contaba (y se notaba que era así) de como ella respira danza a cada momento, imaginando pasos al caminar o hacer cualquier cosa (como Björk en Dancer in the Dark). Me topo con lo que dice el salmista "Todo lo que respira alabe al Señor" (Sal 150:6). Entonces pienso: una respiración conciente nos pone en sintonía con la vida (y con Abbita), mientras un respirar automático nos mantiene en la rueda autómata del hacer cotidiano. Puede sonar simplón, pero tal vez baste para afrontar ese tedio, rutina, estrés, encontrón, bajón... un poco de detenerse, respirar a todo pulmón, sintiendo, sabiendo que cada parte del cuerpo, cada célula, cada ser... está también respirando, viviendo, alabando. Como escuchas el mar en la caracola, escucha en ti el aliento divino llamándote a dar sentido nuevo a tus pasos; entra en ese caudal y verás como todo nubarrón se va disipando y despejando el norte.
Invierno puede vivirse como una lata oscura de frío y resfrío o, como ser Tierra abierta, germinando semillas nuevas. Ya comienza el año nuevo para el hemisferio sur (y nuestras culturas) así es que, qué mejor, despedirse del poncho que estemos arrastrando y saludar la nueva vida que surgirá en cada conciente respiración, la que pone al mal tiempo buena cara, la mejor cara, la que se sabe habitada por Dios - Abbita.
Probaré respirar esta oración (jaculatoria mas bien o mantra) pa cuando me quiera dispersar en el piloto automático:
"Abbita habítame, Abbita habítame, Abbita habítame" Algo fidedigno de Jesús, es que te decía "Abbá" (Papaíto) mostrando esa confianza del niño, desprovista de los ropajes del miedo, del todopoderosismo, los orgullos o sentimientos de indignidad. Así es que permíteme llamarte Abbá, o con cariño "Abbita".
Esa palabra de mi amiga fue Palabra de Dios para mí, me recordó la lectura de Isaías (la cito al final) donde dices como te comunicai Tú: una lluvia que siempre produce un efecto de gracia. Estos días tus gotas despejaron el esmog para ver la hermosa cordillera seminevada; abrieron mi boca para decir verdad, despejando tensas esperas, desconfianzas, preguntas...
Abrieron mis antenitas de vinil para captarte en el ambiente. Una chica bailarina me contaba (y se notaba que era así) de como ella respira danza a cada momento, imaginando pasos al caminar o hacer cualquier cosa (como Björk en Dancer in the Dark). Me topo con lo que dice el salmista "Todo lo que respira alabe al Señor" (Sal 150:6). Entonces pienso: una respiración conciente nos pone en sintonía con la vida (y con Abbita), mientras un respirar automático nos mantiene en la rueda autómata del hacer cotidiano. Puede sonar simplón, pero tal vez baste para afrontar ese tedio, rutina, estrés, encontrón, bajón... un poco de detenerse, respirar a todo pulmón, sintiendo, sabiendo que cada parte del cuerpo, cada célula, cada ser... está también respirando, viviendo, alabando. Como escuchas el mar en la caracola, escucha en ti el aliento divino llamándote a dar sentido nuevo a tus pasos; entra en ese caudal y verás como todo nubarrón se va disipando y despejando el norte.
Invierno puede vivirse como una lata oscura de frío y resfrío o, como ser Tierra abierta, germinando semillas nuevas. Ya comienza el año nuevo para el hemisferio sur (y nuestras culturas) así es que, qué mejor, despedirse del poncho que estemos arrastrando y saludar la nueva vida que surgirá en cada conciente respiración, la que pone al mal tiempo buena cara, la mejor cara, la que se sabe habitada por Dios - Abbita.
Probaré respirar esta oración (jaculatoria mas bien o mantra) pa cuando me quiera dispersar en el piloto automático:
Abbita habítame... Dios del abrazo completo, repleto de amor.
Abbita habítame... Dios esencia, energía universal, sinfonía, danza de la que formamos parte.
Abbita habítame... Dios palabra, comunicación transparente, creadora de vínculos, amigando diferencias.
Que pases un fecundo invierno acogiendo y comunicándote con el cálido aliento divino!!!
Con cariño, Cristian.
"Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come,
Así sucede con la palabra que sale de mi boca:ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé"
(Isaias 55, 10-11)
Estas son canciones buena onda para recibir la lluvia:
La gran Gigliola Cinquetti http://www.youtube.com/watch?v=WczIZ5NBdIY
y este grupo cristiano "Anawin" digno de chequear: http://www.youtube.com/watch?v=bgUiioouNWI

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