martes, 27 de septiembre de 2011

VIVIENDO EN EL PLANETA DE LOS SIMIOS


Me entretuve subiendo el cerro de la Quinta Vergara, no por los fomes anchos caminos sino por los recovecos escarpados, ¡me rasmillé y todo! como cuando chico jugando al explorador o a Indiana Jones… En la cima veo un perro muerto, sin olor, casi disecado… Más tarde escalo por los roqueríos al borde del mar...

Qué interesante la estructura de los pies con sus engranajes y rodamientos, que los hace amoldarse a cada ángulo; más interesante aún, que con mis años de sedentarismo no me haya averiado en este “turismo aventura”.

Algo nos queda de nuestros primeros ancestros corriendo tras la presa o huyendo del peligro. Ya no hay jaurías, ni necesidad de estar alerta para la lucha o la huída; hoy esas energías del cuerpo se canalizan en deporte, gym, baile, yoga… y si se es más rayado se recurre a lo deportes extremos.
Leyendo a Marcela Serrano “Diez mujeres” cuentan sus historias de luz y sombra, sus glorias pasadas y el deterioro; miedo a la vejez y la soledad, esa es la idea, el tema que aparece cuando la juventud desaparece. Pareciera ser que si no te cuidaste, no tuviste hijos, pareja o buenas amistades, ¡entonces sonaste! Hay que ponerse en campaña para revertir el proceso y no terminar disecados o putrefactos tirados por ahí, una vez salidos del circuito, cuando ya nadie te cotice.

Cotizarse, precisamente ese es el verbo mercantil en que nos conjugamos, la vitrina diaria donde nos compramos o vendemos ¿derivación de la ley de la selva, que persiste en el ADN humano, con las sofisticaciones culturales de turno?

Lo genial de esta película “Planeta de los Simios” es mostrar una panorámica condensada de nuestra propia evolución; la permanente dialéctica entre el instinto por mi seguridad/bienestar, y el bien de los otros. Es que como dice Bentué “el problema de la convivencia radica en el carácter egocéntrico de todo comportamiento humano, debido a su enraizamiento en el mundo animal regido por la selección natural” (Dios y Dioses, 2004,164). Llevada al extremo esta "Ley Natural” nos vuelve depredadores unos de otros -homo homini lupus (hombre lobo para el hombre)-, derribando competidores o desechando a quienes no nos sirven y, a la vez, auto-desechándose por no sentirse útiles o vitales. Creo que este factor utilitarista está muy presente en las depresiones y el temor de llegar a ser viej@s enferm@s y dependientes (“cachos”)… Vales por lo que tengas de atractivo para intercambiar, así es que mejor aplicarse en la carrera por la vigencia, ganarle tiempo al inevitable arrugamiento, aunque en esos menesteres de paso se te arrugue lo realmente importante...



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