Recuerdo cuando lloraba suplicándote alivio; surtía efecto, mi mentecita te creía cobijándome diciendo que todo iba a estar bien, sintiendo una caricia mariana, el abrazo del cosmos reintegrándome a casa.
Recuerdo tu llamado, la convicción efusiva de que reconocía el propósito para mi vida; la noble misión, los signos de tu confirmación, el primer tiempo contento, la fe.
Pero…
Una fístula en el alma, el doble filo, la herida original, los genes, el golpe del mundo en el niño esponja; la raíz magullada creciendo a la par que el noble tallo; resultado: oleadas de algas enredando el viaje, haciéndome encallar una y otra y otra vez.
Pero…
Cuando esos recuerdos eran presente, fueron ungüento, aliento, felicidad, florecer. Por eso, por Tu persistencia invitante al Hoy, digo con el salmista “espera en Dios alma mía, que volverás a alabarlo, salud de mi rostro Dios mío!!

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