Cada 19 de mayo se hace memoria de los muertos por el Vih como oración y homenaje por sus vidas; y a la vez, renovar el compromiso de quienes apoyan a los afectados por el virus y denuncia ante la discriminación y falta de apoyos...
El año pasado conocí el Candlelight, y éste, participé en la organización a través de la Pastoral Ecuménica de Acompañamiento a Personas viviendo con vih/Sida, Cegal y la Fundación Margen. Estas son mis impresiones:
En los ´80s y ´90s la aversión hacia los infectados con vih y enfermos de sida era frontal y brutal; imagino el dolor de los que murieron enfrentando el rechazo de tantos. Me saco el sombrero hacia quienes dieron la cara y lucharon por su dignidad y el acceso a terapias.
Se obtuvo ese derecho, fue una batalla, pero la problemática envuelve mucho más cosas hoy; se ha vuelto una realidad invisible, poco espectacular como para salir en la tele (y por lo tanto, existir) todos creemos que tienen sus remedios asegurados y que viven lo más bien con sus pastillitas (onda crónico hipertenso o diabético) y preferimos no saber si tal o cual tiene el virus, porque de saber lo empapelamos ("leprosos, maricones, degenerados").
El lema de este año -"Luces por la Vida"- apuntaba a sacar a la luz, a romper el estigma social que obliga al silencio, a sobrevivir y no vivir plenamente. En la Liturgia nos comprometíamos a encender nuestras propias luces (fuerzas, voces, potencias) por una vida digna de los afectados y de todos. La marcha y la fotografía en Plaza de Armas quería manifestar el mismo signo: una sociedad (Estado, afectados, la gente) que prefiere permanecer indiferente, que cada uno se apañe como pueda, que la prevención la hagan otros porque choca con posturas x, mientras crece la pandemia... El rojo, como el signo solidario por el vih, que quisiera irradiarse a todos para sentirnos involucrados, y las velas encendidas diciendo SI, sí me dejo tocar por la realidad y me pongo en el lugar del otro.
Participó poca gente este año, tal parece que las fuerzas de las agrupaciones se dispersan o pierden brío; o el vih se volvió tema pasado de moda, tema superado; o quizás ya está la vacuna y no me enteré; o aun no muere un enfermo en el baño de algún hospital.
¿Queremos que el grito siga siendo silencioso, seguiremos con nuestras máscaras sin expresión dejando que la gresca crezca?


Mientras haya un grito.. una voz, un solo cuerpo, esta batalla vale la pena... sguimos delante!!!!!!!!!!!!
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