jueves, 20 de enero de 2011

JUAN PABLO II, ¿¿¿¡¡¡SANTO!!!???

Telón de fondo de mi adolescencia y juventud, el Papa de gran carisma que irradiaba algo especial a las personas: sentían la presencia de Dios cuando él pasaba o hablaba a las multitudes; su impresionante entereza en  sus últimos tiempos cuando encorvado y débil, persistía en proclamar la fe en Jesucristo…

Y sin embargo…

Sentimientos encontrados, porque su figura muchas veces fue inspiradora para mí, motivo de admiración y de reforzar el amor a Jesús (la fuerza de su voz: “El amor es más fuerte”, “No tengáis miedo de mirarlo a Él”). Pero también, motivo de desaliento, al ver que sus políticas eclesiásticas, sus encíclicas, sus denuncias, etc se concentraban en rescatar un conservadurismo valórico e institucional anacrónico que ha llevado a la Iglesia (católica) a convertirse en una camisa de fuerza para quienes queremos crecer en una fe madura y libre.

El “panteón” de santos contiene entre ellos figuras maravillosas, testigos fieles abrasados en el amor a Dios y a las personas; pero también personajes que posiblemente nunca existieron (San Jorge) o lo que es peor, sujetos que si bien contribuyeron en algún área, en otras tuvieron roles nefastos (por ejemplo Cirilo* )

En fin, el “santo” es un testigo que nos sirve de ejemplo para seguir a Jesús, es como el que nos dice “vamos que se puede” y de alguna manera intercede por nosotros. En ese sentido podría decir que creo en la “comunión de los Santos”, pero en un sentido más amplio: creo en la posta de la fe, creo que personas que han sido claves para nosotros siguen vinculados desde otra dimensión, son santos también en ese sentido, personas que han creído en el ser humano y han luchado por defender su dignidad (cristianos o no). Por eso esta cosa vaticana de los santos me genera más sospecha que adhesión; son procesos en que hay que hacer todo un chuchoqueo que dura años, donde se requiere gente a cargo de estudiar, llevar y promover las causas, (otros con más poder pueden hacer hasta lobby y lo consiguen rápidamente, el caso más evidente “san” José María Escrivá de Balaguer. ¿Por qué este polémico personaje sí y Oscar Romero no? Éste obispo mártir en El Salvador aun no es beatificado ni por si acaso desde la Sede Romana, pero si es reconocido por muchos como “San Romero de América”).

¿Cómo no oler un tufillo a estrategia política con esta tan pronta beatificación? Para la mirada pública del mundo Juan Pablo II fue el último bastión como referente válido de lo católico (antes que el destape de la olla pedófila le tocara enfrentarlo a Benedicto). Puede convertirse en un santo top que genere mucha devoción y multitudinarias romerías, una muestra de que aun queda mucho pueblo “religioso”. ¿Pero ese es el cristianismo que quisiera inspirar Jesús? En el seminario nos inculcaban respetar la “fe del carbonero” (ser comprensivos con la fe poco instruida de la gente sencilla –procesiones varias, mandas, sacrificios- a pesar de que trasunten muchas veces más miedo a Dios y conformismo, que amor y compromiso libres por el prójimo y esperanza en sus vidas) y si bien, en parte lo considero válido (el carácter comunitario de la religiosidad popular) en gran parte me parece mas bien promoción a una fe algo infantil, un temor a dar alimento sólido (como dice Pablo en  1 Cor 3,1-4) aceptando convenientemente esas tradiciones piadosas.

Según el Derecho Canónico (**) , católico es el que adhiere a la misma fe, sacramentos y régimen eclesiástico; bajo ese prisma, tendría que decir que YA NO soy católico. Como cuando en el trabajo te dicen “estas eran las reglas del juego, si no le gusta, búsquese otro trabajo”, desafectarme sería una opción, pero como para mí la Iglesia es el “Pueblo de Dios”, más que los señores del Vaticano, creo aun en que como pueblo despertemos para ser Iglesia (=comunidad de convocados a la fiesta inclusiva, ecúmene de todos los seres tras las huellas del Nazareno, para que “todos tengamos Vida”).

Bajo esa dinámica me declaro no devoto de JP II porque junto a la bondad del Papa Peregrino, estuvo el intransigente Jefe eclesial responsable de retroceder en  el camino de apertura al mundo,(que perseguía el Concilio Vaticano II), ampliando el abismo de distancia con las demandas y visiones del hombre y mujer modernos (condena a todo lo sexual, tibieza frente a las injusticias sociales y abusos del capitalismo, etc) y, dentro de la Iglesia aferrarse a “la tradición” y no creer en la madurez de los fieles y la necesidad de cambio (rol subordinado de la mujer, celibato obligatorio, censura a la Teología de la Liberación, poder inquisidor de la Curia, vista gorda a los casos de pedofilia, etc).

Hoy 20 de enero en mi sur se venera a San Sebastián, recuerdo las idas a su santuario con mi familia; recuerdo también la pena cuando murió JP II... por eso escribir esto me ha costado y puede parecer traición a esos cariños de la Iglesia que me formó  en tantas cosas... pero la otra cara de la moneda, es que ahora mirando y viviendo desde acá afuera, veo que efectivamente la Iglesia católica como institución sigue perdiendo la oportunidad de mostrar el mensaje de Jesús como Buena Noticia asequible para las personas del s.XXI y un "San JP II" en este momento siento que es otro peldaño hacia atrás.

(*) Arzobispo de Alejandría año 444. Asumió un maquiavélico rol en disputas doctrinales con  Nestorio  y antes conspiró para la muerte de  la filósofa Hypatia –ver la película “Ágora“, al parecer, bastante fidedigna históricamente.
(**) «Se encuentran en plena comunión con la Iglesia católica, en esta tierra, los bautizados que se unen a Cristo dentro de la estructura visible de aquella, es decir, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del régimen eclesiástico».canon 205 CIC

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