Estuve en Valdivia despidiéndome del que fuera mi hogar de infancia-juventud, la cantera ochentera donde crecía nuestra Generación X; allí en torno a la Casa, la tele, el pasaje. Podría contar o analizar lo que es la dinámica familiar en una casa ayer y hoy, o lo que significa despojarse de esos trazos materiales forjadores de la historia personal, pero me detendré en la sensación primera tras esta visita a mi ciudad: en las 3 casas donde fui las conversas con l@s amig@s salía el tema de las mascotas, más encima en una hasta vimos la película “Marley y yo”! y es que en el sur casi no hay (o había?) quien no tenga gato, perro o leña, esos ingredientes básicos para el “calor de hogar”. Esa presencia y cariño de la mascota es algo que queda impregnado en la memoria afectiva casi tanto como las personas (corrijo, eso le pasa más a gente poco sociable como yo, así es que se entenderá este homenaje).
Bobi llegó guagüito a casa, como a mis 8, así es que fue compañero del chico enrollado a través de todos sus avatares púberes. Pasaste toda tu vida conmigo, fuiste el Zorro con su Principito, con tu alegría desbordante al verme llegar de la escuela o el liceo: te daban los turululus y te echabas a correr de un extremo al otro del jardín(1), quedabas con la lengua afuera... y te hacía cariño.
En la tarde en casa tomábamos once-comida a veces con la puerta abierta, y tú -que tenías prohibido entrar- sabías poner tu cara más triste, apoyado en la entrada (ver imagen) para enternecernos y darte de lo que comíamos (me recuerdas cuando sale el Gato con Botas de Shrek, o el Ratoncito del Club de la Comedia, o el Evangelio donde los perritos comen las migas de la mesa de sus amos).
Más allá de nuestra Villa no había más poblaciones en esos años, si no un horizonte natural de cancha de tierra, pampas y cerro; tú salías libremente a explorar y jugar con tus amigos, eras un chico aniñao que le ladrabas a los intrusos más grandes, algunos se asustaban contigo pero otros te tarasqueaban, al punto que casi te mueres una vez; por eso esta película de Marley tiene mucho parecido a ti: fuiste silvestre, nunca preso de un collar, fuiste tú, con tu cola que no parabas nunca de mover, con la casita que te hicimos con mi Papi y que no quisiste usar, robando comida, enterrando huesitos, ladrándole a las visitas, chapoteando en el barro...
Fuiste amigo aunque yo no lo fuera tanto, tu fidelidad era a prueba de balas. Como que reconocías mis bajones y me consolabas con tu compañía silenciosa y respetuosa por mis "enormes dramas": me amabas Bobi!. Por eso la conclusión de esa peli no puede ser más acertado: "¿cuánta gente puede hacerte sentir... extraordinario?"
Te fuiste haciendo viejo y cansino, creímos que por eso andabas tan desgastado, pero de pronto se te caía el cuerpo, no hubo mucho que hacer con el distemper, y yaciste junto a la cocina. Abrazándote lloré... Merecías un funeral a lo Michael Jackson, y así fue: fabriqué una cruz, cabé un hoyo junto al ciruelo(3), te adorné con Hortensias y piedras, oré, te agradecí y ofrecí a Dios. Por el cerco de madera se veía el patio desde la calle, por eso a mi mami le daba miedo que pensaran que teníamos enterrada una persona, pero respetaron lo sagrado de este funeral hasta dejar que naturalmente se secaran las flores. Bobi volvió a integrarse a la Tierra que le dio cuerpo, al Cielo que le dio vida y a Dios que te tiene Consigo Allí en el Eterno Presente. Gracias mi querido Bobi! ...waf...
Cristian
(video: Grabación de la que fue nuestra casa y el itinerario cuando llegaba y Bobi me recibía: 1.El jardín donde corría 2. Junto a la cocina donde murió 3.El lugar de sus huesos)

No hay comentarios:
Publicar un comentario